Entrevista Andrés Cassinello Presidente de la ADT

 

 

 

 

"QUEREMOS RECUPERAR EL ESPÍRITU DE GENEROSIDAD DE LA TRANSICIÓN"

Por Pablo Mediavilla

L a asociación se denomina "de defensa". ¿Qué o quiénes atacan a la Transición hoy en día?
—No pensamos que nadie ataque a la Transición, sólo queremos recuperar su espíritu. Muchos hablan de la Transición y cada uno habla de una manera distinta, es una bandera a la que es fácil apuntarse. Nuestra idea es que en aquel momento todos los españoles cedieron algo de sus convicciones para poder llegar a un acuerdo pacífico, fue un encuentro en un punto intermedio, digamos que un punto ancho en el cual se alcanzaron una satisfacción tolerable para todos y una paz que era inimaginable.

—Por qué surge la asociación en este momento?
—Eso es curioso. Hace más de cuatro años nos reunimos un grupo de los colaboradores inmediatos de Adolfo Suárez, como Aurelio Delgado, Rafael Ansón, José Luis Grau-Itera, Eduardo Navarro, Manuel Ortiz... No éramos ex ministros, pero sí cargos importantes en áreas específicas. Pensamos: ¿por qué no volcamos en un libro nuestras experiencias?. Tras la publicación de Adolfo Suárez y el bienio prodigioso (Planeta, 2006) ya pasamos a plantearnos lo de la asociación. Ha sido un proceso largo pero es aplicable a la situación de hoy porque pretendemos que los españoles se entiendan, que no renuncien a sus ideas, pero que discutan civilizadamente.

—¿Cree que éste es el momento de más crispación en democracia?
—No lo sé, pero es un momento bastante crispado. Hace falta serenidad.

— Ha manifestado la intención de incorporar figuras de todo el arco político. ¿Podría explicarnos como se encuentra ese proceso?
—Más que figuras políticas, buscamos gente de todos los partidos, pero que no estén en la política activa. Nos preocupa dar una visión partidista, queremos ciudadanos normales. Ahora mismo somos unos 100 socios, aproximadamente. A la sesión inicial, a la Junta General, asistieron más de sesenta personas cuando pensábamos que no irían más de veinte. Pretendemos extendernos, y pretendemos decir: concordia.

—¿Cuáles son los valores de la Transición que ahora están ausentes?
—Lo fundamental fue buscar la paz entre todos. Que Carrillo aceptara al Rey, a la bandera, era inimaginable y se consiguió; que la gente que había defendido el franquismo aceptara la democracia, también. Lo primero es rescatar esa generosidad y, lo segundo, la concordia, que fue lo que los españoles expresaron en las primeras elecciones. Llevábamos muchísimos años, desde la Guerra de la Independencia, pegándonos tiros los unos a los otros, y en aquella situación, entre la revancha y continuar el espíritu de la victoria, no fue nada fácil.

—Hay quién asocia a la Transición a un mantenimiento del statu quo, a un cierto inmovilismo ¿Qué opina?
—Eso no es verdad, porque antes de la Transición regían las Leyes Fundamentales del Franquismo y después de ella, una Constitución. Mantenimiento de la situación era el gobierno de Arias, pero el de Suárez no fue así.

—¿Tuvo la Transición asignaturas pendientes?
—Nosotros no vamos a juzgar qué es lo que se pudo haber hecho. Lo que vamos a reivindicar es para qué sirvió: para alcanzar la paz. Todas las obras son perfectibles, ninguna generación puede imponer a la generación siguiente las conclusiones anteriores. No decimos que se haga lo mismo de entonces, decimos que se haga bajo ese espíritu.

—¿Es Suárez el mejor presidente que ha tenido España?
—Suárez cumplió una misión histórica dirigido también por el Rey. El Rey se la jugó setenta veces y fue el que impulsó la Transición. El Rey era el capitán y Suárez, el timonel. Fue un presidente muy importante; le entendieran o no, lo cierto es que ahora goza de reconocimiento. Los españoles somos así, llevamos a la santidad a personas que pasaron por nuestro lado y no hicimos caso.

—¿Cuáles fueron los valores primordiales de Suárez?
—Él era capaz de reunirse con tres personas enfrentadas y ponerlas de acuerdo en cinco minutos, tenía una capacidad de negociación inimaginable y una tenacidad inexplicable. Si tenía que convencer a alguien de algo se sentaba en una mesa y estaba las horas que fueran. A lo mejor me llamaba un día a las tres de la mañana y me preguntaba: "Andrés, ¿qué haces?". Yo estaba durmiendo y él estaba por ahí, sin parar. También era prudente. En acciones arriesgadas y ésta lo fue, es necesario ser así.

—¿Considera que hay también un apropiamiento de su figura?
—Creo, francamente, que no. El grupo socialista habla de la importancia de Felipe González; grupos más a la izquierda hablan de Carrillo. Tuvieron su importancia y cada grupo exalta a su figura. La tesis del PSOE es que la Transición acabó con la victoria de González. Puede ser, pero no hay que olvidar que las bases para que el socialismo llegara al poder se gestaron en la época de González.

—Como jefe de los Servicios Secretos participó en la operación de regreso de Tarradellas y en la desactivación de la operación Galaxia –golpe ideado por Tejero y Sáenz de Ynestrillas en noviembre de 1978–. ¿Qué impresiones tiene de la actividad política de aquellos años?
—Era una actividad delirante, inimaginable. De pronto se producía un altercado en la calle, o aparecían los Grapo, que nadie sabía lo que eran. Daba la sensación de que todo lo que estábamos avanzando estaba amenazado. Fueron años muy difíciles.
Lo de la operación Galaxia vino más tarde, cuando los peligros eran menos visibles y se limitó a la planificación de un golpe, como finalmente acabó produciéndose más tarde, donde el Rey se la jugó.

— Usted fue durante mucho tiempo una pieza fundamental de la lucha antiterrorista. ¿Cómo ve la situación actual?
—Creo que estamos mucho mejor. En 1980 pasé todo el año en Bilbao [destacado junto a Sáenz de Santamaría], y ETA asesinó a 100 personas. ¿Usted sabe lo que es tener dos muertos cada semana? Entonces, Francia daba asilo político a los etarras, ahora los detiene y nos los entrega, eso es un paso fundamental. Para meternos en Francia en aquella época nos la jugábamos. Es verdad que no se ha acabado y que los que ahora llegan no pueden entender lo que entonces nos pasó y yo puedo ser más complaciente viendo que se ha avanzado, pero, en fin, la paz es difícil de conseguir.

—¿Entiende la postura de algunas víctimas de no negociar con ETA?
—Entiendo a los que dicen eso y también lo contrario. Yo negocié con ETA y no sirvió para nada, en la Transición, cuando se concedió un indulto generoso. Luego han negociado todos. Es difícil, porque son muy burros.

—¿Cómo vivió su imputación y posterior exculpación del caso Oñaederra –el último gran proceso de los GAL dirigido por Garzón por el asesinato de cuatro etarras en Francia en 1984–?
—Muy mal. Lo viví muy mal porque Garzón me tuvo dos o tres años imputado, tenía que presentarme todos los meses en la Audiencia Nacional, si quería salir al extranjero tenía que pedirle permiso... Pero vamos, qué le vamos a hacer.

—¿Cuál es la postura de la asociación sobre hechos de la actualidad como el cuestionamiento de la figura del Rey?
—La asociación no tiene una opinión oficial sobre ningún tema, aunque le digo que el Rey es trascendental. No es cierto, como dice el loco de Venezuela, que no le hayamos votado. Se votó con la Constitución y luego se ganó las habichuelas con el 23-F.

—¿Y sobre la aprobación de la Ley de la Memoria Histórica?
—Cada uno tiene su idea y ahora hablo estrictamente en mi nombre. La mía es que se da la coincidencia de que mi padre y el abuelo de Zapatero ingresaron juntos en la Academia de Infantería, en la misma promoción. Al abuelo del presidente lo mataron unos y a mi padre lo mataron los otros... Yo propongo hacer un monumento a todos los muertos de la Guerra Civil, juntos porque todos son inocentes. Los que están protestando ahora son los nietos o los bisnietos y si en la época de la Transición los hijos de esos muertos se pusieron de acuerdo, ¿por qué vamos a liarnos de nuevo? Me parece una estupidez, es mi visión personal.

—¿Cuál es su valoración de esta legislatura?
—Prefiero no opinar. Me pasa una cosa: el haber estado mucho tiempo sabiendo me obliga a que ahora, que no sé, no me atreva a juzgar.

— Hace unos días se celebró la primera manifestación de militares en la democracia. ¿Qué opina?
—Me parece una tontería. En el Ejército están perfectamente claras las líneas a seguir en caso de agravio y, desde luego, no pueden presentarse de forma colectiva, nunca.

—¿Cree que España va por el buen camino?
—España va a bandazos. Sé que hemos pasado por situaciones mucho peores y hemos salido adelante. España es indestructible.